El hallazgo sin vida de Alejandro Zalazar, anestesiólogo del Hospital General de Niños R. Gutiérrez y exresidente del Hospital Rivadavia, encendió alarmas sobre presuntas prácticas irregulares entre profesionales de anestesiología.
Según fuentes oficiales, su muerte fue producto de una sobredosis de propofol y fentanilo, fármacos de uso intravenoso que, fuera del contexto clínico, pueden provocar depresión respiratoria grave, conocida como apnea.
El caso reveló las llamadas “Propo fest”, reuniones organizadas por anestesistas y residentes de distintos hospitales porteños en las que se suministraban anestésicos hospitalarios con fines recreativos.
En chats y audios de WhatsApp que circulan en ámbitos médicos se describe que “hacían fiestas con bombas de infusión y había una persona encargada de ambucear cuando aparecía la apnea”, y que “todo el material que usaban era del hospital”. Algunos mensajes sugieren que Zalazar “había ido alguna vez a esas reuniones”, aunque estas versiones no cuentan con validación judicial.
La trazabilidad de los fármacos hallados en la casa de Zalazar determinó que pertenecían al Hospital Italiano de Buenos Aires. A partir de esto, se abrió un sumario interno, y un anestesiólogo del hospital, H.B., presentó su renuncia. También se identificó a una residente de tercer año, D.L., como presunta responsable de retirar y distribuir las sustancias fuera del establecimiento.
En sus redes, la Asociación de Profesionales del Hospital Gutiérrez expresó: “Con profundo pesar comunicamos el fallecimiento del Dr. Alejandro Zalazar… Acompañamos a sus familiares y compañeros en este doloroso momento”. La investigación continúa para determinar responsabilidades y esclarecer el alcance de las prácticas denunciadas.





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