El seis de enero de 2014, Héctor Cardoso soportó dos horas de allanamiento de la Policía Federal en su casa, el decomiso de 21 plantines de cannabis y un largo proceso judicial, que se resolvió recién el pasado primero de diciembre, tras un juicio en el Tribunal Oral Federal de La Pampa.

 

La fiscal Adriana Zapico pedía cuatro años de prisión para este joven, que al momento del operativo policial tenía 18 años, acusándolo de cultivar para vender. La defensora Laura Armagno planteaba, desde el vamos, que el allanamiento era ilegal. En el medio, las pericias daban cuenta de que no existían flores en esos plantines pero la fiscalía sostenía, más proclive a la futurología que a los cálculos sensatos, que de ahí saldrían mil porros.

 

Como muchísimos casos, este comenzó con una llamada anónima. Al principio, la Justicia denegó la orden de allanamiento por la mera delación. Entonces sobrevino “la inteligencia”. La subdelegación de la Federal en la ciudad de General Pico afirmó que en la casa de Cardoso había “movimientos típicos de bocas de expendio de estupefacientes: llegada de jóvenes que se entrevistan por breve lapso y se retiran del lugar previo intercambio con el morador”.

 

No había pruebas de intercambio alguno, solo unas fotos de los plantines obtenidas desde la casa lindante de la tía del cultivador. Eso le bastó al juzgado federal para permitir el allanamiento.

 

Para la fiscalía, la sola cantidad de las plantas excede sustancialmente lo que puede considerarse para consumo personal. Nunca sabremos si esos plantines serían hembras, ya que los machos no dan flores, solo sirven para polinizar y llenar de semillas los cogollos de las hembras. Tampoco sabremos si todas las matas llegarían a cosecharse, si no las matarían un hongo, alguna plaga o el perro; menos aún cuántos gramos daría cada una. Todo eso es abstracto, potencial, mero “peligrosismo”. Pero la Policía Federal cumplió su cometido: allanar primero, empapelar después.

 

Además de los plantines, en el acta de secuestro figuras seis pipas, dos paquetes de sedas y cinco encendedores (sic). También “gran cantidad de dinero”. En el juicio oral quedó claro que la plata era un cheque por 5.706,65. El “narcocheque” estaba a nombre del padre del acusado (por suerte se lo devolvieron). Con tamaña prueba la fiscal siguió adelante con la imputación, mientras los otros supuestas indicios se caían uno a uno. Las plantas habían sido pesadas con raíz, tallo y hojas, nada que se pueda fumar. Se terminaron secando y pudriendo, como tantas veces ocurre.

 

“Resulta claro que el resultado solamente inferido por las muestras tomadas de la totalidad de la planta y la operación matemática de su peso total, en modo alguno puede ser validado en su total resultante por el error que contiene el método pericial utilizado, al haberse efectuado el cálculo de la capacidad toxicomanígena en función del peso total de la planta”, sostuvieron los jueces en su fallo absolutorio. No se tiene noticia de sumario interno a quienes “peritaron” las plantas y lograron el milagroso cálculo de los mil porros, que el imputado todavía debe estar esperando fumar.

Pese a lo ridículo y arbitrario de la situación, el tribunal determinó que el allanamiento era legal, sin dar demasiadas explicaciones. La sola existencia de las plantas ameritaba violar el domicilio de este joven, ya que en el juicio quedó claro que los “movimiento típicos” eran una alucinación de los uniformados: “Los únicos dos testimonios que se agregaron durante la investigación para dar cuenta de la presencia de ocasionales jóvenes en el domicilio del imputado, además de ser extremadamente vagos en su contenido, no fueron respaldados por algún elemento que difiera de la subjetividad del investigador”. 

 

Cardoso afirmó en la indagatoria que los plantines eran suyos y que si lograba cosecharlos, se fumaría esas flores. No tenía planeado venderlas. El cultivo, como ya fue determinado en varias causas, es un acto derivado de la tenencia de cannabis para consumo personal. Esta última figura ya fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2009, en el fallo Arriola. Y fue justamente esta jurisprudencia la que esgrimió la defensora oficial. Es importante aclarar que esta inconstitucionalidad abarca a todas las drogas ilegales, no solo al cannabis.

 

El trasfondo del caso parece indicar que la familia de Cardoso podría haber tenido un rol importante en el inicio de las averiguaciones. Si bien todo comienza con una llamada anónima, es la tía del joven la que habilita su casa para que la policía saque fotos y son allegados quienes indican que el joven imputado, según su madre, está en una situación de consumo problemático de sustancias. Ninguna declaró en la causa, pero el supuesto cuadro de “adicción” quedó introducido en la causa “de soslayo” a través de testigos de oídas. La chusma del barrio, se entiende. 

 

“Sin duda alguna yerran los representantes públicos del Estado cuando ante el pedido de auxilio de una madre por la adicción que sufre su hijo de 18 años al consumo de estupefacientes de uso prohibido, la simplemente respuesta es la persecución penal antes que la sanitaria, pese al claro sentido de la Ley de Salud Mental y el Plan Integral de Abordaje de las Adicciones (26.934)”, sostienen los jueces. La primera norma equipara los derechos de quienes usan drogas ilegales con los de cualquier paciente: puede elegir el tratamiento que considere más conveniente o de rechazarlo, sino no corre un riesgo cierto e inminente su vida o la salud de terceros. 

 

Finalmente, el Tribunal Oral Federal de La Pampa aceptó uno de los pedidos de la defensa. Declaró la inconstitucionalidad del artículo 5, penúltimo párrafo, de la ley 23.737, que pena de un mes a dos años el cultivo cuando “por escasa cantidad sembrada o cultivada y demás circunstancias, surja inequívocamente” su destino para uso personal. 

 

Todo, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 19 de la Constitución Nacional y la doctrina Arriola, de la Corte Suprema. Lo del artículo 19 es llamativo, ya que se da el visto bueno al allanamiento y violación a la esfera íntima, cuando no había afectación a terceros. Solo 21 plantines esperando crecer.