La Justicia intervino en el caso de dos peces dorados que permanecían en una pequeña pecera ubicada en la vidriera de un restaurante de sushi de la Ciudad de Buenos Aires y avanzó con un reclamo para que fueran considerados seres sintientes con derechos
La presentación fue realizada por la ONG Jaulas Vacías, a través del abogado Matías Trufero, quien argumentó que las condiciones en las que se encontraban los animales podían constituir una violación a la Ley 14.346, que sanciona el maltrato y la crueldad animal.
“Cualquiera que pasara por el lugar y se detuviera a observar podía darse cuenta de que no era el adecuado para los peces”, sostuvo Trufero. Tras la denuncia, la Justicia ordenó un allanamiento para retirar a los animales de la vidriera y trasladarlos a un lugar acorde.
Los peces fueron derivados al domicilio del especialista Carlos José Aga, quien se ofreció como adoptante. Allí dejaron una pecera de 40 litros y pasaron a un espacio de 2.500 litros preparado para garantizar mejores condiciones.
“Los peces son como los astronautas, viajan en su propio ambiente con cuidado sobre todos sus parámetros vitales”, explicó Aga sobre el traslado.
El planteo judicial busca establecer un precedente para otros animales que puedan encontrarse en situaciones similares. La organización sostiene que reconocerlos como seres sintientes implica modificar la forma en que son considerados ante la ley.
El caso se suma a otros antecedentes en Argentina, como el de Sandra, la orangutana declarada “persona no humana”, que impulsó el debate sobre la protección jurídica de los animales.





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