El 16 de julio de 1993, el dique de West Quincy cedió y el río Misisipi desató una inundación histórica que arrasó con tierras, viviendas e infraestructura en varios estados. En medio del caos, James Robert Scott, de 24 años, participaba como voluntario en tareas de emergencia.
Días después, la fiscalía de Missouri lo acusó de haber sabotado la estructura. La teoría oficial sostenía que Scott habría dañado el dique con la intención de impedir que su esposa regresara a casa, lo que, según la acusación, le permitiría seguir bebiendo con amigos.
Ella no estaba en el lugar al momento del desastre, y la relación atravesaba tensiones, pero nunca se presentaron pruebas que confirmaran ese motivo.
El caso se apoyó en testimonios indirectos y en su historial delictivo, sin evidencia física que lo vinculara directamente con la ruptura del dique. Aun así, fue condenado a cadena perpetua bajo una ley estatal por provocar una catástrofe.
Su defensa y diversos expertos cuestionaron desde el inicio la versión oficial, señalando que el colapso pudo haberse producido por la propia presión del río, en una inundación que afectó a toda la región.
Scott pasó más de tres décadas en prisión, mientras el caso seguía dividiendo opiniones entre quienes lo consideran culpable y quienes lo ven como un chivo expiatorio del desastre.





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