En el marco del ciclo de conferencias de la Red de Juezas y Jueces Penales de la República Argentina, se presentó el Dr. Nicolás Escándar para ofrecer una disertación que desbordó el análisis técnico para instalarse en la trinchera del litigio estratégico.
Escándar, cuya labor como defensor público de víctimas en Salta le otorga una perspectiva de campo ineludible, fue presentado por el juez y presidente de la red, Dr. Mario Velázquez.
El ponente fue tajante al señalar que el tránsito hacia modelos acusatorios en todo el país no puede limitarse a una reforma orgánica; exige, por el contrario, que los operadores asuman un compromiso con la calidad epistémica de la información que ingresa al proceso. Durante su intervención, Escándar reconoció la influencia de sus debates con el juez Santiago French, con quien suele discrepar en el terreno judicial pero coincidir en la necesidad de elevar la vara académica, planteando que la audiencia de control de acusación debe dejar de ser un trámite burocrático para convertirse en el verdadero "cerrojo" de la etapa de juicio.
La tesis central de la conferencia propuso un cruce necesario entre dos mundos que a menudo parecen ignorarse: la teoría del razonamiento probatorio y las técnicas de litigación oral. Apoyándose en la obra analítica de William Twining, Terence Anderson y David Schum —el célebre esquema TAS— y en los tomos más recientes del tratado de Alberto Binder, Escándar sentenció que el litigio no debe degradarse en un "procedimentalismo forense" o en un catálogo de destrezas vacías. El objetivo es que las herramientas de examen y contraexamen sirvan para filtrar información de baja calidad, permitiendo que el juez tome decisiones racionales basadas en una plataforma fáctica depurada. En este sentido, la conferencia se adentró en la distinción fundamental entre la admisibilidad —un filtro binario de exclusión o ingreso— y la relevancia, entendida como un concepto graduable que determina cuánto una prueba hace más o menos probable una proposición. Escándar enfatizó que, si bien la relevancia es un criterio de valoración, su análisis debe comenzar mucho antes del veredicto para evitar que el tribunal de juicio sea contaminado con "ruido" informativo.
Para desgranar esta problemática, el especialista recurrió al análisis de la credibilidad testimonial a través de los tres atributos del esquema TAS: la veracidad, la objetividad y la sensibilidad observacional. Al abordar la veracidad, Escándar propuso un cambio de paradigma: abandonar la vieja y moralista "tacha de testigos" — aquella que autores como Gorp o Mittermaier utilizaban para descalificar a deponentes por su clase social, raza o género— para centrarse en un control lógico del relato. La veracidad no se mide por la honestidad general del testigo, sino por si declara conforme a sus creencias.
Respecto a la sensibilidad observacional, el conferencista fue minucioso al distinguir entre factores objetivos del entorno (luz, distancia, obstáculos) y capacidades subjetivas (edad, salud sensorial). A este andamiaje sumó la Teoría de la Comunicación de Binder, explicando cómo las interferencias o "ruidos en el canal" —como las coacciones o la "interferencia institucional" de un fiscal que alimenta involuntariamente al testigo con información durante múltiples entrevistas— vician la elaboración de la creencia antes siquiera de llegar al estrado.
La operatividad de estos conceptos exige herramientas de control que deben ejecutarse desde la Investigación Penal Preparatoria (IPP). Escándar destacó el papel crítico de las declaraciones previas para fiscalizar la veracidad, recordando que el sistema anglosajón lleva setenta años discutiendo este punto, con el emblemático caso "Jencks vs. United States (1957)" como hito sobre la obligación de entregar dichos registros a la defensa.
Sostuvo que ningún defensor debería llegar al control de acusación sin haber entrevistado previamente a los testigos de la fiscalía, pues el acceso pleno a los legajos es la única forma de detectar si un relato ha sido "acomodado" progresivamente a la hipótesis oficial. Asimismo, señaló a las redes sociales como una fuente moderna e inagotable para cuestionar la objetividad, revelando sesgos, prejuicios o estereotipos de odio que anulan la fiabilidad del testigo. Si este despliegue de herramientas revela un defecto de credibilidad manifiesto, surge el interrogante más disruptivo de la jornada: ¿debería esa prueba siquiera llegar al juicio oral?
La propuesta más provocadora de Escándar fue la posibilidad de excluir testigos de forma anticipada en la audiencia de control por falta de credibilidad absoluta. Argumentó que, si ya aceptamos estándares rígidos de admisibilidad para los peritos basados en su fiabilidad, es ilógico no aplicar un test mínimo a los testigos. Utilizó ejemplos claros como el "testigo de oídas" (hearsay) o el "testigo de concepto", señalando que muchas veces su impertinencia o su incapacidad de control los hace inviables para el juicio de responsabilidad, aunque puedan ser relevantes en un juicio de cesura. Para este filtro, Escándar defendió un estándar diferenciado: una exigencia de fiabilidad mucho más estricta para la fiscalía que para la defensa. El "So What?" de esta postura es evitar a toda costa la condena de inocentes; el sistema debe ser más celoso con la prueba de cargo, pues el riesgo del error judicial es el encarcelamiento de alguien que no cometió el hecho, una premisa que sigue siendo el corazón del sistema constitucional argentino por encima de cualquier eficiencia punitiva.
En sus reflexiones finales, el Dr. Escándar reafirmó que la libre valoración de la prueba no es una "carta blanca" para el juez, sino un proceso que debe estar precedido por un litigio limpio, depurado y sofisticado. La implementación de los sistemas adversariales no depende solo de la división de funciones, sino de un cambio cultural en el que la audiencia de control actúe como un filtro epistémico real. La depuración de testigos con graves problemas de veracidad, objetividad o sensibilidad observacional no es una restricción a la verdad, sino una garantía de que la decisión judicial se apoyará en información de calidad. Con este llamado a la profesionalización y al estudio profundo de la teoría de la prueba, concluyó un encuentro que ratifica el compromiso de la Red de Juezas y Jueces Penales con una justicia que, en palabras del ponente, sea "democrática, igualitaria y que asegure los beneficios de la libertad".





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