Sergio Luis Román figuraba como fallecido en los registros oficiales desde el 12 de diciembre de 2024, aunque seguía trabajando todos los días en su taller de chapa y pintura en la localidad bonaerense de Ituzaingó.
La situación se hizo evidente cuando intentó ingresar a su CUIT para emitir una factura y no pudo. “Intenté hacerlo por la web y figuraba como fallecido”, contó. La misma inconsistencia apareció en otras plataformas estatales, lo que lo llevó a iniciar un recorrido por distintas oficinas para aclarar el error.
En ARCA le confirmaron que estaba registrado como muerto y lo derivaron a realizar una “fe de vida”. Sin embargo, en ANSES encontró algo aún más alarmante: un certificado de defunción con firma médica y la intervención de una testigo que “reconoce el cadáver”.
“Al principio pensé que era algo hasta gracioso, pero después ya no me causó tanta gracia leer mi propio certificado de defunción”, relató. El impacto fue inmediato: dejó de aparecer en sistemas oficiales, no pudo facturar ni gestionar pagos, e incluso desaparecieron datos vinculados a sus bienes.
A pesar de haber cumplido con sus obligaciones fiscales, tuvo que rehacer trámites para evitar que se generaran deudas. También perdió días de trabajo en medio del proceso de regularización.
El caso ya fue judicializado. La denuncia quedó radicada en la Fiscalía N° 2 de Morón y apunta a una posible “falsificación de instrumento público”. Según su abogado, el acta es “apócrifa” y deberá determinarse si quienes intervinieron en su emisión actuaron por negligencia o como parte de la maniobra.





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