En la Argentina, la pobreza infantil continúa afectando a más de la mitad de la población de entre 0 y 17 años. Al cierre de 2025, el 53,6% de los niños y adolescentes no logra cubrir sus necesidades mínimas de alimentación y condiciones de vida, de acuerdo con el Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

El dato refleja una baja en comparación con los primeros años del actual período de gobierno, cuando el indicador se ubicaba en 62,9%, aunque la tendencia de largo plazo muestra una persistencia de niveles elevados desde hace años, con picos superiores al 60% en el último lustro.

El informe advierte que las brechas estructurales siguen siendo profundas. Cuatro de cada diez niños pobres viven en viviendas con problemas de saneamiento, mientras que seis de cada diez no cuentan con cobertura de salud formal. A esto se suma que la mayoría no accede a actividades culturales o extraescolares.

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Las desigualdades también se reflejan en el acceso a la tecnología: solo la mitad tiene computadora en su hogar y apenas un 16% dispone de internet. En el plano educativo, la asistencia económica específica es muy limitada.

El relevamiento incorpora además indicadores de bienestar emocional: el 18% presenta síntomas de tristeza o ansiedad, con mayor incidencia en adolescentes y en mujeres. Este malestar, según el informe, se asocia también a peores resultados escolares y mayores dificultades de aprendizaje.