La Universidad de Buenos Aires volvió a ubicarse entre las 100 instituciones más destacadas del mundo al mantenerse en el puesto 84 del ranking elaborado por QS (Quacquarelli Symonds). Por segundo año consecutivo, además, es la única casa de estudios de América Latina dentro de ese grupo.

El resultado adquiere un valor particular en el escenario argentino, marcado por restricciones presupuestarias, tensiones en el sistema científico y dificultades para sostener políticas de investigación de largo plazo. En ese marco, la UBA no solo conserva su posicionamiento global, sino que también mantiene el liderazgo regional que ocupó en once de los últimos doce años.

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A nivel internacional, el ranking continúa encabezado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, seguido por el Imperial College London —que ahora comparte el segundo puesto con la Universidad de Stanford—. Completan el top cinco la Universidad de Oxford y la Universidad de Harvard.

Mientras las principales universidades del mundo consolidan sus posiciones con fuertes inversiones en investigación, innovación y atracción de talento, en Argentina el sistema universitario enfrenta desafíos estructurales. La reducción de recursos, la fuga de investigadores y las limitaciones en infraestructura impactan directamente en la capacidad de competir a nivel global.

En ese contexto, la continuidad de la UBA en el ranking funciona como un indicador de resiliencia institucional, pero también como una señal de alerta sobre las condiciones necesarias para sostener ese desempeño en el tiempo.

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