Gonzalo Morales, delantero de Barracas Central, fue denunciado por violencia de género por su expareja.

La mujer confirmó que realizó la presentación ante la Comisaría 5° de Ezeiza y que el Juzgado de Paz, a cargo de Néstor García, ordenó una restricción perimetral contra el futbolista. Además, informó que ya recuperó sus pertenencias de la vivienda que compartían.

La denuncia se hizo pública a través de un extenso mensaje en Instagram, donde la mujer afirmó: “Durante meses fui víctima de violencia física, psicológica y verbal por parte de quien fue mi pareja hasta ayer que convivíamos, Gonzalo Morales, futbolista de Barracas Central”.

Fuente: Instagram.

 

En la publicación también difundió imágenes de lesiones y capturas de conversaciones en las que rrelató episodios de violencia al jugador y a su familia. En uno de los mensajes dirigidos a Morales escribió: “Me hiciste mil cosas malas”.

Fuente: Instagram.

La denunciante aseguró que atravesó distintos episodios de agresión y amenazas. “Me agarró del pelo, me ahorcó, me golpeó con piñas y patadas hasta dejarme días sin poder caminar”, expresó en su descargo. También afirmó que recibió presiones para no avanzar con la denuncia.

“Hoy la denuncia ya está hecha”, sostuvo la mujer, quien explicó que decidió hacer público su caso para visibilizar la situación. “Pedir ayuda no es un signo de debilidad; es el primer paso para salir de la violencia”, agregó.

El mensaje completo

Nunca imaginé tener que hacer público algo así. Me cuesta muchísimo escribir estas palabras y todavía siento miedo, vergüenza y dolor. Pero entendí que el silencio solo protege a quien ejerce la violencia, nunca a quien la sufre. Durante meses fui víctima de violencia física, psicológica y verbal por parte de quien fue mi pareja hasta ayer que convivíamos, Gonzalo Morales, futbolista de Barracas Central.

Viví situaciones que jamás pensé que iba a soportar: me agarró del pelo, me ahorcó, me golpeó con piñas y patadas hasta dejarme días sin poder caminar, y me amenazó diciéndome que no iba a salir viva de su camioneta. Iba a entrenar y me encerraba en la casa con llave por qué tenía miedo que me vaya y lo deje. Cuando quise denunciarlo, también recibí amenazas de su familia. Me decían que “con plata se arregla todo”, que nadie me iba a creer y que, si denunciaba, me iban a venir a buscar. Ese miedo hizo que tardara en animarme a hablar.

Nadie tiene derecho a humillar, manipular, controlar, golpear o amenazar a otra persona.

Hoy la denuncia ya está hecha. Comparto esto porque no quiero seguir callando y porque deseo que ninguna otra mujer tenga que pasar por lo mismo. Pedir ayuda no es un signo de debilidad; es el primer paso para salir de la violencia.

Hoy elegí hablar. Y ya no tengo miedo de contar mi verdad.

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